La Margarita y el Sol (II)

Cuentan que cuando el sol conoció a su margarita su corazón no dejó de apuntar hacia ella. Él seguía su ruta de cada día, la que debía hacer y aunque soñaba con ella, procuraba no salirse de su ruta debida. Soñaba con que la ruta debida y la soñada fueran la misma, pero mientras trataba de cumplir con su deber.

Cuentan que en un principio no se vieron más que los corazones, que se enamoraron, margarita y sol, uno del corazón del otro, y ese amor los ligó de una forma que les transformaba, y les hacía al uno querer sentir con el otro.

Cuentan que sin embargo, al principio de su amor no podían verse. Y es que cuando la margarita era joven, apenas un brote, un animal salvaje quiso morderla. Y aunque solo fue un susto, el gran guardián del bosque decidió protegerla de todo mal. Y para ello construyó un muro de firmes piedras que la protegían de los vientos fríos, de las miradas ajenas, y de todo mal que pudiera venir desde fuera, y que el viento pudiera traer.

Y es que existen buenos vientos y otros no tan buenos. Existen los que traen amor y poesía, y los que traen daño, de ambas clases existen, y si abres la puerta de los dos pueden entrar.

El gran guardián del bosque, movido por el amor y el afán de protección levantó unos fuertes muros que la guardarían de miradas, vientos y los peligros del mundo.

Por eso fue que la margarita y el sol no pudieron verse en un principio. Pero se intuyeron, se tocaron los corazones y eso les conmovió, y decidieron que se verían. Un día. Y es que hay sentires que ni los más firmes muros pueden evitar. Hay ligaduras que no saben de defensas ni de lugares ocultos. Hay un corazón que mueve el mundo y lo hace girar, y sus latidos llegan a todo lugar.

Cuentan también que la margarita sentía el calor del mundo, dentro de ella, lo intuía y soñaba con él, con bailar en los prados y bajo la luz del sol. Pero que la pena por no poder hacerlo, algo se fue encogiendo dentro de ella.

Cuentan que enfermó, que la falta de aire y sol, la falta del amor soñado y no sentido fueron parando una de sus fibras vitales, y la falta de aire le hacía no poder respirar bien. Porque aire tenía, pero no era aire fresco, no del que viaja bajo la luz del sol.

Cuentan que enfermó de tristeza y melancolía, de sueños incumplidos, de insuficiencia de luz y de calor.

Cuentan que el sol quiso entrar en su castillo, colándose por las rendijas y abriéndolas con cuidado y decisión. Cuentan que quiso, pero no lo hizo, pues respetaba al guardián protector del bosque y a la muralla que había contruído, que para algo era.

Cuentan que el sol decidió quedarse en su ruta previsible, y aguardar a entrar cuando le invitaran, cuando abrieran las cortinas, y las densas persianas, entonces entraría y no antes. Así es como debe ser.

Y cuentan que la margarita, habló entonces con el gran guardían del bosque. Le dijo que le amaba y que agradecía sus cuidados y defensas, pero le pidió una ventana por la que poder ver el sol. El guardián tenía miedo, de los vientos que pudieran entrar por esa ventana, pero enternecido por ella, no pudo sino dejar que la abriera. Y entonces la margarita y el sol podían verse, un ratito al mediodía. Él asomaba su cara dentro de su castillo y se miraban, corazón con corazón.

Cuentan que la ventana se fue ampliando, fue creciendo, y que el mismo sol, cuidaba de lo que entraba por ella. Era su ventana, y él la llenaba. Deslumbraría con sus rayos a los vientos que no debían acercarse, porque era un ser de recursos, nuevos y diferentes, sabía como cuidar, de otra forma.

Cuentan que la margarita fue sanando con el sol, que fue recuperando las ganas de vivir, y las fibras de su interior que se habían secado volvieron a ser fuente de vida, de nutrición y de amor. Dicen que la margarita tardó un tiempo en sanar, porque para toda limpieza hace falta paciencia, pero una vez vio la luz del sol, solo podía ir hacia ella.

Y la ventana se fue abriendo, cada vez más. Y ella veía más al sol, llegó a sentir sus rayos directamente, y sanó del todo. Cuentan que el bajó convertido en príncipe a sacarla del castillo e invitarla a bailar fuera. Cuentan que la hermosa margarita, tuvo piernas y pudo caminar libre por el mundo.

Unos cuentan que se fueron a vivir al Valle de la Poesía, y allí juntos crearon y cantaron. Otros dicen que viajaron por el mundo, que él la llevó por lugares nuevos que había visto desde lo alto y que quería mostrarle. Cuentan muchas cosas, pero la verdadera historia es de ellos y solo a ellos les pertenece.

También dicen que el guardián del bosque comprendió que podía protegerla de los peligros externos, pero no de los internos, no de los que nacen de la sed interior, y que tenía que dejarla marchar, ella siempre estaría cerca.

Hay quien dice también, que el sol hecho príncipe, y la margarita convertida en estrella, llegaron a reinar juntos. Pero esa historia aún no está escrita.

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